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martes, 14 de febrero de 2017
DOSTOYEVSKI relatista
Alguien dijo:
"Leer a Dostoyevski con quince años es como asomarse a un precipicio y no saber la altura a la que se está".
Muy acertado el símil porque, rememorando mi primer encuentro con el gran autor ruso (encuentro que tuvo lugar a través de "Crimen y castigo"), se hace de nuevo presente aquella impresión, aquella sensación de vértigo que me invadió al acometer la lectura de la novela en mi juventud temprana. Demasiado temprana, seguramente.
Algo parecido al primer amor, aquel que jamás se olvida. Y en mi caso, amor para toda la vida. Díganme, sino ¿por qué se me ocurre hablar de Dostoyevski en una fecha como la de hoy?
Bien, me consta que muchos visitantes de este blog han leído alguna que otra novela de Fiódor DOSTOYEVSKI, pero, ¿y los relatos? De éstos se habla algo menos, aunque mi ruso preferido está reconocido también, universalmente, como un gran relatista.
Propongo que lean éste: "El sueño de un hombre ridículo", escrito en 1877. Son sólo trece páginas.
Dejo también aquí el enlace relativo a la biografía del escritor con mención cronológica de su obra.
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sábado, 28 de febrero de 2015
NOVELA DE INTRIGA
Con ocasión del veinte aniversario del fallecimiento de Patricia HIGHSMITH, la editorial Círculo de tiza nos ofrece "SUSPENSE". "Suspense" o cómo se escribe una novela de misterio.
"No es un manual, sino su particular visión de cómo se debe escribir una novela de misterio; o mejor dicho, cómo ella escribía novelas de misterio" (Antonio Fontana, ABC, 12.02.2015)
Hago mía la siguiente afirmación "La novela negra vive una época dorada y, para un devoto del género, renegar de Patricia HIGHSMITH es como ser católico y perjurar de Dios" (Daniel Vázquez Sallés, El Mundo, 27.02.2015)
Recuérdese que el hecho de que la señora HIGHSMITH tuviera como referentes en eso de la escritura a DOSTOIEVSKI y a POE, tenía que aportar ab initio un plus de garantía. Forzosamente.
Como cabía esperar, la Editorial Anagrama ha procedido a la re-edición de toda la obra de la gran autora americana.
jueves, 22 de noviembre de 2012
PEDAZOS DE TEXTO
«-Antes, efectivamente -se volvió el príncipe hacia ella, volviendo a animarse un tanto (parecía capaz de animarse muy pronto y de buena fe)-, efectivamente, cuando usted me pedía tema para un cuadro se me ocurrió el de la cara del reo un minuto antes de que vaya a caer la cuchilla de la guillotina, cuando todavía está de pie en el patíbulo, antes de que lo tiendan en la báscula.
-¿Qué cara? ¿La cara solamente? -preguntó Adelaida-. El tema es terrible, ¿qué cuadro resultaría?-No lo sé, ¿por qué no? -insistió con calor el príncipe-. En Basilea vi hace poco un cuadro de ese género. Me agradaría mucho hablarle de él... Alguna vez lo haré... Me produjo gran impresión.
-Del cuadro de Basilea nos hablará más tarde -dijo Adelaida-. Ahora explíqueme lo de la ejecución. ¿Puede describirlo tal como usted lo recuerda? ¿Cómo pintar esa cara? ¿La cara solamente? ¿Cómo era esa cara?
-Era
justamente un minuto antes de morir -empezó el príncipe de muy buen grado,
arrastrado por los recuerdos y, visiblemente abstraído de todo cuanto le
rodeaba-, el momento en que acababa de subir la escalerilla y ponía el pie en
el patíbulo. En aquel instante volvió la vista hacia donde yo estaba; yo miré
su cara y lo comprendí todo... Aunque, ¿cómo describirlo? Me agradaría mucho,
muchísimo, que usted o algún otro lo pintase. ¡Mejor usted que nadie! Ya
entonces pensé que el cuadro sería útil. ¿Sabe?, hace falta tener noción de
todo lo que ocurrió antes, de todo, de todo. Estuvo en la cárcel y llevaba
aguardando la ejecución, por lo menos, una semana; contaba con las formalidades
de costumbre, que determinado documento debía llegar a cierta oficina y que pasaría
una semana antes de que todo quedase ultimado. Y de pronto, por un hecho
casual, todos los requisitos quedaron ultimados. A las cinco de la mañana
estaba durmiendo. Era fines de octubre; a las cinco todavía hace frío y está
oscuro. Entró en la celda el director de la prisión con los guardias,
procurando no hacer ruido y le tocó levemente el hombro; el preso se incorporó,
apoyándose en los codos, y vio luz: «¿Qué pasa?» «La ejecución será a las
diez.» El, que apenas si se había despertado, no lo creyó, empezó a discutir,
afirmando que la orden tardaría en firmarse una semana; pero al darse cuenta de
las cosas dejó de insistir y -según contaban- quedó silencioso. Luego dijo:
«Sin embargo, así, de pronto, resulta difícil...», enmudeció y ya no quiso hablar
más. Las tres o cuatro horas siguientes se invirtieron en las cosas de
costumbre: el sacerdote, el almuerzo con vino, café y carne de vaca (¿no es una
mofa? Porque si uno se para a pensarlo, es algo cruel, mientras que, por otra
parte, son gente ingenua, lo hacen de todo corazón y están convencidos de que
eso es amor al prójimo), luego le cortaron el pelo (ya saben lo que es el corte
de pelo del reo) y, por fin, lo llevaron a través de toda la ciudad hasta el
patíbulo... Pienso que también en estos momentos se tiene la sensación de que,
mientras lo conducen, queda una eternidad de vida. Me parece que, seguramente,
pensaba por el camino: «Todavía falta mucho, tengo otras tres calles de vida;
recorreré ésta, luego la otra, después ésa donde hay una panadería a la
derecha... ¡queda mucho por llegar a la panadería!» Alrededor, la gente,
gritos, ruido, diez mil caras, diez mil pares de ojos; todo esto hay que
soportarlo, y, sobre todo, una idea: «¡Ellos son diez mil y no ejecutan a
ninguno, y a mí sí!» Pero no se trata más que de los preliminares. Al patíbulo
conduce una escalerilla; está ante ella y de pronto rompe a llorar; y se
trataba de un hombre fuerte y valeroso, un gran criminal, según decían. El
sacerdote no se apartaba de él, le había acompañado en la carreta y no cesaba
de hablar, aunque apenas si el otro prestaba oído: empezaba a escuchar y a las
tres palabras no comprendía nada. Así debió de ser. Empezó, por fin, a subir la
escalerilla; le habían atado los pies y sólo podía caminar con pasos muy cortos.
El sacerdote, que debía de ser un hombre inteligente, dejó de hablar,
limitándose a darle a besar el crucifijo. Al pie de la escalerilla estaba muy
pálido, pero al subir al patíbulo quedó blanco como el papel, exactamente igual
que el papel de cartas. Seguramente las piernas le flaqueaban y se le habían
entumecido, sentía náuseas, como si algo le oprimiese la garganta y le
produjera un cosquilleo. ¿Lo han sentido ustedes cuando se tiene miedo o se
atraviesan unos instantes terribles, unos instantes en que la razón se
conserva, pero ya no tiene ningún poder? Es como, por ejemplo, si nos amenazase
una muerte inevitable, una casa se derrumbase sobre nosotros y, de pronto,
sintiéramos el deseo irresistible de sentarnos, cerrar los ojos y esperar, ¡sea
lo que sea!... Pues bien, entonces, cuando empezaba esa debilidad el sacerdote
le acercaba con gran prisa, con un gesto rápido y en silencio, el crucifijo a
los labios; era un crucifijo pequeño de plata; se lo acercaba sin cesar, a cada
instante. Y en cuanto el crucifijo tocaba sus labios, él abría los ojos,
durante unos segundos parecía reanimarse y las piernas le obedecían. Besaba el
crucifijo con ansia, con prisa, como si tratase de no olvidar el llevar algo
consigo en reserva, por si acaso, aunque es difícil que en aquellos momentos
tuviera conciencia de nada religioso. Así fue hasta la misma báscula... ¡Es
extraño que en los últimos segundos son muy pocos los que se desmayan! Al
contrario, la cabeza vive y trabaja terriblemente, con mucha, con muchísima fuerza,
como una máquina puesta en movimiento; me imagino que golpean en ella diversos
pensamientos, todos incompletos y acaso ridículos, que no tienen nada que ver
con el caso: «Ese me mira, tiene una verruga en la frente; el botón de abajo
del verdugo está oxidado...» No obstante, lo sabe todo y todo lo recuerda; hay
un punto que es imposible olvidar, y es imposible desmayarse, y todo gira en
torno a ese punto. ¡Y pensar que esto es así hasta el último cuarto de segundo,
cuando la cabeza está ya sobre el tajo y espera, y... sabe, y de pronto escucha
por encima de él cómo resbala la cuchilla! ¡Porque lo oye infaliblemente!
Imagínese que hasta ahora siguen discutiendo sobre si la cabeza, en el momento
de caer, un segundo más, sabe que se ha desprendido del cuerpo, ¡qué idea! ¿Y
si fueran cinco segundos?... Pinte el patíbulo de modo que solo se vea
claramente y de cerca el último peldaño; el reo ha puesto el pie en él, su cara
blanca como el papel, el sacerdote que acerca el crucifijo, él lo besa con unos
labios lívidos, y mira, y lo sabe todo. El crucifijo y la cabeza: ahí tiene el
cuadro; la cara del sacerdote, el verdugo, sus dos ayudantes y algunas cabezas
y ojos más abajo; todo esto se puede pintar como en un tercer plano, entre
brumas, como detalles accesorios... Ahí tiene el cuadro.»
"EL IDIOTA"
Fedor DOSTOYEVSKI
Cap. 5. Fragmento.
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miércoles, 19 de septiembre de 2012
DOSTOYEVSKI visto por ZWEIG
Hablemos de personajes.
Ciertamente el comentario y la reseña de hoy tiene algo de interesado. Es para apuntalar lo que se me habrá oído decir más de una vez: para los novelistas o aspirantes a ello, el gran escritor ruso es un referente ineludible. De las menciones que innumerables escritores de primera fila contemporáneos hacen de mi autor predilecto, he elegido a este prestigioso autor vienés.
Empecemos.
Los personajes de DOSTOYEVSKI se rigen fundamentalmente por las ideas, no tanto por imperativos biológicos o sociales; encarnan valores espirituales que son, por definición, intemporales.
Véase cómo se pronuncia Stefan ZWEIG (1881-1942) al respecto:
"Apartados del mundo por amor al mundo, irreales por pura pasión de realidad, las figuras de Dostoyevski parecen, al principio, un poco simplistas. Su marcha no es rectilínea ni persigue ningún fin visible. Estos hombres, todos adultos, todos hombres hechos, andan por el mundo a tientas como los ciegos y tienen el torpor de los borrachos. Los vemos detenerse, mirar en derredor, hacer todo género de preguntas para aventurarse de nuevo, sin esperar respuesta, hacia lo desconocido"
(Fragmento de "Tres maestros" (Balzac, Dickens, Dostoyevski), por Stefan Zweig)
Sugestivo ¿no?
El propio escritor austriaco prologa (1920) la obra mencionada como sigue:
"No es por casualidad que reúno en un solo libro estos tres ensayos sobre Balzac, Dickens y Dostoyevski. Con un propósito común trato de mostrar a los tres grandes novelistas -y en mi opinión los únicos- del siglo XIX como prototipos que precisamente por el contraste de sus personalidades se complementan y quizás elevan a forma clara y distinta el concepto de novelista, es decir, de forjador de mundos épicos... Cada uno de estos artistas crea una ley de vida, un concepto de vida, con la plétora de sus figuras, y los destaca con tanta armonía que gracias a él el mundo adopta una nueva forma."
La editorial "El Acantilado" tiene publicada esta obra de Stefan ZWEIG: "Tres maestros: Balzac, Dickens, Dosyoyevski". 232 pags. PVP 16,00 €
Ciertamente el comentario y la reseña de hoy tiene algo de interesado. Es para apuntalar lo que se me habrá oído decir más de una vez: para los novelistas o aspirantes a ello, el gran escritor ruso es un referente ineludible. De las menciones que innumerables escritores de primera fila contemporáneos hacen de mi autor predilecto, he elegido a este prestigioso autor vienés.
Empecemos.
Los personajes de DOSTOYEVSKI se rigen fundamentalmente por las ideas, no tanto por imperativos biológicos o sociales; encarnan valores espirituales que son, por definición, intemporales.
Véase cómo se pronuncia Stefan ZWEIG (1881-1942) al respecto:
"Apartados del mundo por amor al mundo, irreales por pura pasión de realidad, las figuras de Dostoyevski parecen, al principio, un poco simplistas. Su marcha no es rectilínea ni persigue ningún fin visible. Estos hombres, todos adultos, todos hombres hechos, andan por el mundo a tientas como los ciegos y tienen el torpor de los borrachos. Los vemos detenerse, mirar en derredor, hacer todo género de preguntas para aventurarse de nuevo, sin esperar respuesta, hacia lo desconocido" (Fragmento de "Tres maestros" (Balzac, Dickens, Dostoyevski), por Stefan Zweig)
Sugestivo ¿no?
El propio escritor austriaco prologa (1920) la obra mencionada como sigue:
"No es por casualidad que reúno en un solo libro estos tres ensayos sobre Balzac, Dickens y Dostoyevski. Con un propósito común trato de mostrar a los tres grandes novelistas -y en mi opinión los únicos- del siglo XIX como prototipos que precisamente por el contraste de sus personalidades se complementan y quizás elevan a forma clara y distinta el concepto de novelista, es decir, de forjador de mundos épicos... Cada uno de estos artistas crea una ley de vida, un concepto de vida, con la plétora de sus figuras, y los destaca con tanta armonía que gracias a él el mundo adopta una nueva forma."
La editorial "El Acantilado" tiene publicada esta obra de Stefan ZWEIG: "Tres maestros: Balzac, Dickens, Dosyoyevski". 232 pags. PVP 16,00 €
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domingo, 11 de septiembre de 2011
OPINION.es

Al hilo de la conversación sobre un tema ajeno a la literatura, un contertulio aportó la grabación de una entrevista que Joaquín Soler Serrano hizo a Josep Pla, próximo éste a cumplir los ochenta años: en 1976. Escuché los comentarios y opiniones que el periodista arrancó al escritor a lo largo de una hora, que no es ni una décima parte del tiempo que yo había invertido antes en escuchar lo que sobre Pla habían hablado terceros varios con el resultado de que ni simpatizara con Pla ni me interesara en demasía por su obra. Añado esto para que pueda verse cuán poco puedo presumir de inteligencia. En primer lugar, que una persona nos guste o no nos guste nada tiene que ver con las coincidencias o divergencias de filosofía y pensamiento que con ella se tengan; o así debería ser desde la madurez intelectual exigible a cualquiera una vez transcurrida la infancia. Pero lo que es signo de mayor y más solemne majadería es que nos guste o no nos guste por lo que de ella hayan opinado, incluso pontificado, otros. No voy a “redescubrir” a Pla, ni como personaje ni como autor. No a estas alturas y menos todavía desde mi óptica cuyo valor o utilidad es cero. Sólo recordar a los olvidadizos que a Pla-autor se le negó durante años el pan y la sal simplemente porque no era material apto para adoctrinar. Tenía ideas propias sobre todas las cosas y las exponía con una sinceridad brutal cuando a ello se le incitaba. Estuve muy atenta cuando se le invitó a expresar su personal opinión sobre otros autores contemporáneos y clásicos. Dada mi filia por Dostoievski, me resultó particularmente divertido, a la par que herético, el ademán de su mano rechazando al escritor ruso seguido de la frase “Es un degenerado”. Apenas un instante transcurrió entre su dictamen y mi carcajada; el tiempo necesario para comprender el porqué de tal afirmación de Josep Pla. Yo lo veo desde otro prisma: Dostoievski exhibió al desnudo algunos ejemplares de la especie humana y nos mostró la degeneración, que es cosa distinta e independiente de que él fuese o no un degenerado. Ha servido lo anterior para conducirme a una reflexión a propósito de un trabajo que tengo pendiente y cuya ejecución estoy demorando (quizá por instinto) en demasía: la lectura de un texto narrativo, de una novela, que un compañero de letras me envió para que le diera mi opinión y, de considerarlo oportuno, mis sugerencias. Voy a excusarme con este amigo; agradezco el honor dispensado pero rehúso hacer lo que me ha pedido. Pla o cualquier otro maestro pueden permitirse alguna que otra temeridad, yo no. A aquéllos se les puede perdonar, a mí no se me podría perdonar. Y con toda la razón del mundo.
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sábado, 20 de junio de 2009
RETALES DE TEXTOS

«En cuanto al mundo espiritual, la mitad superior del ser humano, se rechaza en redondo, se destierra con cierta solemnidad, hasta con odio. El mundo ha proclamado la libertad, sobre todo en estos últimos tiempos, ¿y qué vemos en esta libertad suya? ¡Nada más que la esclavitud y el suicidio! El mundo dice: “Tienes necesidades; dales, pues, satisfacción, tienes los mismos derechos que las personas más nobles y ricas. No temas darles satisfacción, al contrario, hazlas aún mayores”, tal es la doctrina actual en el mundo. En eso ven la libertad. ¿Y qué resulta de este derecho a aumentar las necesidades? Por parte de los ricos, la soledad y el suicidio espiritual; por parte de los pobres, la envidia y el asesinato, pues el derecho de satisfacer las necesidades se lo han dado, mas sin indicarle todavía con qué medios. Afirman que el mundo, cuanto más avanza, tanto más se une, que va constituyendo una comunidad fraterna a medida que se van acortando las distancias y se van transmitiendo los pensamientos por el aire. ¡Ay! No creáis en semejante unión de los hombres. Entendiendo la libertad como un aumento y una pronta satisfacción de las necesidades, deforman su propia naturaleza, pues engendran en sí mismos muchos deseos carentes de sentido y estúpidos, costumbres y quimeras insensatas. Viven sólo para envidiarse unos a otros, para la satisfacción carnal y la presunción. Dar banquetes, viajar, tener coches, dignidades y servidores esclavos, se considera ya tal necesidad a la que se sacrifica hasta la vida, el honor y el amor al prójimo, y hasta se matan si no pueden satisfacerla.»
"Los hermanos Karamázov", de Fiodor M. Dostoyevski.
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domingo, 3 de mayo de 2009
NOTICIA: reedición

"Llegan las Obras Completas de Dostoyevski, la voz desgarrada de la humanidad", dice el titular de La Vanguardia de hoy domingo 3 de mayo (Cultura) Ahí os dejo el link para que podais leer la reseña completa.
Una buenísima noticia por cuanto algunas de sus obras estaban descatalogadas.
En el artículo, se cita a "Crimen y Castigo" como la novela del S.XIX. Estoy parcialmente de acuerdo... y es que tengo verdadera debilidad por "Los hermanos Karamazov".
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