viernes, 20 de abril de 2018

PALABRA DE ESCRITOR


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Sé tú mismo. El resto de papeles ya están cogidos


Oscar Wilde





lunes, 26 de marzo de 2018

LITERATURA Y CONOCIMIENTO



Traducción al español castellano:


LA LITERATURA ES EL MEDIO IDEAL PARA ACCEDER A LOS CONOCIMIENTOS RELACIONADOS CON VALORES

La moralidad puede ser objeto de conocimiento y la literatura es el medio ideal para acceder a él. Este es el mensaje central de la ponencia con la que el profesor de Ética y Pedagogía, David Carr, abrió, en la Universidad Abat Oliba CEU, la 5ª edición del Congreso Internacional Word in Education.

Carr rechaza el argumento de que la literatura, por ser materia de ficción, no puede ser considerada fuente de conocimiento. La capacidad del relato literario de situar los personajes en situaciones hipotéticas y describir las consecuencias de sus actos hace que sea un instrumento clave para la adquisición de ‘conocimiento moral’. «Nadie que no sea un estúpido puede leer una sola página de Jane Austen y decir que no ha aprendido nada al respecto», observó.

Carr advierte acerca del error de juzgar los relatos desde los parámetros del discurso científico y considera que la literatura enseña cosas que difícilmente podría entender por otros medios. Los seres humanos entienden mejor su dimensión moral a través de los personajes de las historias. «En las historias nos reconocemos a nosotros mismos; de esta manera, la imaginación puede llegar a ser algo realista».

La ponencia del profesor británico parte del presupuesto de que el hecho moral es una cosa cognoscible, una cualidad que cuestionan las tendencias filosóficas dominantes desde hace dos siglos. Estas ideas, que nacen del idealismo, contemplan la verdad como ‘una cuestión de percepción social’. «Lo que hoy día la gente llama conocimiento es lo que consideran útil individualmente. Puro pragmatismo.», advierte.


Fuente: La Torre de Barcelona, Revista de L’Eixample.


David CARR
Catedrático emérito de Filosofía de la Educación en la Universidad de Edimburgo.
En la actualidad dirige el proyecto de investigación Towards a Philosophical and Ethical Analysis of the Concept of Gratitude, en el Jubilee Centre for Character and Values de la Universidad de Birmingham.
Sus intereses académicos abarcan el ámbito de la ética de las virtudes y la educación moral, la profesionalización de la tarea docente, la teoría del currículum y del aprendizaje, la estética y educación artística-especialmente danza, música y literatura- y la educación de las emociones.
Su libro, Making Sense of Education: An Introduction to the Philosophy and Theory of Education and Teaching (2003) ha sido traducido a varios idiomas.

domingo, 17 de diciembre de 2017

FELIZ NAVIDAD


FELIZ NAVIDAD
BON NADAL
MERRY CHRISTMAS


viernes, 15 de diciembre de 2017

RETALES DE TEXTO


“Julia había crecido escuchando cuentos sobre los aventureros del mar: Cristóbal Colón, Enrique el Navegante, Cook, Erik el Rojo. Prefería las historias de vikingos desde que le contaron que éstos eran enterrados con sus barcos. Una y otra vez preguntaba sobre el tamaño de los agujeros. Su mente infantil no podía imaginar cómo se enterraban los enormes barcos que acostumbraba a ver en el puerto de Buenos Aires.
—Por suerte tu barco es chiquito —dijo la niña a su padre, un marino francés que trabajaba de práctico en el Río de la Plata.
Era muy pequeña todavía cuando se plantó delante de sus padres y les dijo que ella quería ser marino y que tendría su propio barco. La madre le explicó que las mujeres no podían ser marinos. La niña preguntó por qué.
—Querido —dijo la señora Ana Lee dirigiéndose a su esposo, Don Pedro Dofour—, ¿por qué?
Con el  tiempo, los moños y las muñecas, Julia se olvidó de aquellas historias. Tanto se olvidó que creyó que le gustaba coser y bordar.”



Fragmento de Julia y el vikingo

Obra: "Mujeres en tierra de hombres" (Historia de las primeras colonizadoras de la Patagonia), de Virginia HAURIE.







domingo, 22 de octubre de 2017

LA LIBRERÍA


LA LIBRERÍA (en el original The Bookshop), una de las primeras novelas de la escritora británica Penélope FITZGERALD, ya la tenemos en versión cinematográfica gracias a nuestra cineasta Isabel COIXET.


Un poco acerca de Penelope FITZGERALD (1916 - 2000)




La autora británica comenzó su carrera literaria a la edad de 58 años y lo hizo con un par de biografías que vieron la luz en 1975 y 1977, siendo en ese último año cuando publica también la primera de sus novelas.

La segunda novela que escribió (1978) fue precisamente la obra a la que hace referencia este apunte y con ella fue finalista del Premio Booker.

Contabilizamos en el haber de la escritora británica unas nueve novelas, varias biografías, un libro de relatos y algún ensayo. 

Notable labor la de FITZGERALD habida cuenta de que algunos etiquetarían a nuestra autora como escritora "de vocación tardía". 

La obra de Penelope FITZGERALD traducida al español fue ofrecida inicialmente por Mondadori hasta que Editorial IMPEDIMENTA cogió el testigo en 2010.

SÍNTESIS:


La protagonista de la historia, Florence Green, vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por «lo que no tiene». Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.


De la novela -1978- a la película -2016- Y el por qué (o uno de ellos)

Ha sido nuestra cineasta, Isabel COIXET, la artífice. Rodó el film el año pasado y en inglés.



Les invito a leer la entrevista que se realizó a Isabel COIXET con motivo de haber inaugurado la Seminci de Valladolid con su película "La librería". Aquí dejo el enlace:

De la entrevista, me he tomado la libertad de entresacar para plasmar aquí, expresamente, un fragmento:

“Nos están echando de Cataluña. Por mi cabeza ronda muchas veces la idea de irme de Cataluña. Si uno se va es porque le echan. Quizás lo único que de una manera infantil me frena es la satisfacción que le voy a dar a algunos”, aseguraba Isabel Coixet (Barcelona, 1960) en una entrevista a este periódico, mientras resaltaba la “esquizofrenia extraña” en la que el movimiento independentista ha sumido a la sociedad catalana. “Pienso muchas veces que debo de estar más equilibrada de lo que creo porque todavía no me he desmoronado”, añade para, a continuación, pasar a relatar los insultos que recibe por la calle y, dos manzanas más allá, toparse con una pareja que la abraza llorando y le agradece sus palabras de denuncia de una situación. 
“Me afecta mucho todo, también a la salud. Tengo ataques de angustia, pero no soy la única. En este momento, hay mucha gente en un estado de angustia y tristeza muy profunda, en un estado de incertidumbre. Es muy difícil vivir así la vida cotidiana”, añade la realizadora, que después de la promoción de La librería irá a algún sitio en busca de la paz necesaria para continuar su trabajo y hablar de la vida, de los muertos en Somalia, de los incendios en Galicia y de tantas otras cosas. 
“En Barcelona, ahora mismo, es muy difícil respirar y pensar”, dice Coixet que denuncia y el acoso que ha sufrido ella y otras muchas personas por decir en voz alta lo que piensan.
“Yo soy una persona de matices y lo que estamos viviendo ahora es una situación en la que parece que no caben los matices. Te meten en la categoría de gente non grata a pesar de que yo me manifieste contra la brutalidad policial del 1 de octubre. Pero no solo a mí. Nos están barriendo y no es cosa de ahora. Todo esto viene de hace mucho. Desde el momento en el que proclamas que el bilingüismo es un tesoro. En Cataluña ha habido mucho silencio durante muchos años, pero también una enorme desidia y falta de trabajo por parte del Gobierno del PP", sigue explicando la realizadora que dice que los únicos que van a sacar partido de la situación son los chinos con la venta de las banderas y los psiquiatras.
En su familia, su hija adolescente vive también la situación con estupor y su madre, salmantina de alma y profundo orgullo catalán. Con su hermano, independentista, no ha roto relaciones porque respetan muy escrupulosamente y de manera mutua sus opiniones, pero con él ha dejado de hablar de Cataluña.
“No pasa nada, hay tantas cosas que hablar en el mundo”, asegura aliviada.
“Quiero hablar de libros, de películas, de comidas, de tiendas y de compras. Quiero hablar de las mariposas. Quiero hablar del mundo”.

Fuente: El País; Rocío García. Valladolid. 21.10.2017.

Cierto. Totalmente de acuerdo en todo lo que expone Isabel COIXET. Y le doy calurosamente las gracias por decirlo así, lisa y llanamente.

Dejando en un aparte todo lo anterior: estoy ansiosa por ver la película "La librería". ¡Quién no! ¿Verdad?



jueves, 7 de septiembre de 2017

EL DIABLO EN SANTORINI...y un ángel en Tarragona


Sorprende y de forma grata que, hoy día, en que todo o casi todo deviene tan efímero, se haga mención de mi novela "EL DIABLO EN SANTORINI", novela publicada en octubre de 2014 (Ediciones Carena, Barcelona). Tres años ya.

Aquí os dejo el artículo de Ángel Camacho aparecido en la columna de opinión "Tribuna" del DIARI DE TARRAGONA.
Desde aquí, mi agradecimiento al periodista y al medio.



Para leerlo, hacer clic sobre el siguiente enlace.

https://www.diaridetarragona.com/opinion/Verano-negro-20170906-0029.html






lunes, 5 de junio de 2017

PALABRA DE ESCRITOR


LA RESIGNACIÓN ES UN SUICIDIO COTIDIANO

Honoré de BALZAC















viernes, 26 de mayo de 2017

ARTISTAS


¡Ay, los recuerdos!

A uno que relata hechos y lugares que hace tiempo desaparecieron del mundo —o de su mundo que, para el caso, es lo mismo—, le llaman viejo. El auditorio, aunque por respeto no se lo diga a la cara, lo piensa; piensa que es más antiguo que una cafiaspirina, si es que todavía existe, o que la zarzaparrilla de la que oí hablar a mis ancestros. Paciente debe mostrarse el presunto viejo ante la cuchufleta de ser calificado, por los más próximos, como “Abuelo Cebolleta”. Bueno… los más jóvenes tampoco deben saber quién diantre es el personaje. Pregunten a sus padres o abuelos; ellos les ilustrarán.

Yo digo: no señor, no se es viejo, se es un superviviente. Un superviviente que ha visto y ha vivido más de lo que han visto y vivido quienes tienen veinte o treinta años menos.

A lo que íbamos: los recuerdos.

En mi infancia, yo era lo que se daba en llamar una niña movida. Charlatana, dinámica, curiosa y “con iniciativa” —léase con ocurrencias—. Mi familia sin embargo dio con la manera de tenerme silenciosa y quietecita largos ratos: ofrecerme historias. Historias contenidas en libros y películas.

Ir al cine era placer de dioses. Tiraba de la mano de mi abuela materna —que tenía los pies planos y unos juanetes colosales, la pobre— arrastrándola literalmente camino del cine, no fuéramos a perdernos el principio de la primera película.

Ni que decir tiene que yo estaba tan familiarizada con todos los cines del barrio y era tal la asiduidad, que en todos nos conocían y saludaban nuestra aparición con una sonrisa; desde la taquillera hasta el señor que picaba el ticket en la entrada.

Recorríamos, pues, todas las salas pero, como siempre sucede, había una que gozaba de mi predilección: el CINE SELECTO. Por lo regular era “no apto” pero yo, con la abuela, entré siempre. La razón de mi preferencia era que el local, después de las dos películas, ofrecía un plus, un fin de fiesta: las VARIEDADES.

Todavía puedo sentir la emoción al ver aquellas cortinas abrirse para mostrar un escenario brillantemente iluminado. Yo, expectante.

Cantaores, magos, bailarinas, equilibristas, cómicos… Una maravilla.
Pero para mí, lo más fascinante de todo eran las vedettes. ¡Tan altas! ¡Tan hermosas! Como bailaban, cómo cantaban, y con aquellos vestidos tan espectaculares que yo no había visto en ninguna otra parte…

Tuve la oportunidad de ver actuar a MATY MONT. Yo era muy pequeña pero recuerdo perfectamente que ella llevaba un vestido largo, ajustado, con abertura lateral, de color verde musgo. Creo que era de terciopelo.

Dicen que la señora se puso a bailar y que yo no tardé en saltar de mi butaca al pasillo lateral poniéndome a bailar también. Con entusiasmo.

Alguien acudió al rescate. Para disuadirme, plegaron mi butaca y me sentaron en lo alto, para que pudiera contemplar a la artista sin perderme detalle.

Cuando el CINE SELECTO suprimió las VARIEDADES tuve un verdadero disgusto. Una gran decepción.



Desde entonces, desde niña, amo a los artistas. No importa el género, no importa su especialidad.

Los seres humanos que nacen con un don o cultivan una habilidad útil para distraer, entretener y hacer pasar un buen rato a sus semejantes, es acreedor del más caluroso de los aplausos. Son, en cierto modo, sanadores. Generan bienestar. Aunque no curen enfermedades, ¡vaya si las alivian!

Artistas todos… gracias. Benditos sean.


domingo, 7 de mayo de 2017

POEMARIO


Para quienes no lo conozcan, hoy quiero presentar, de mi estimada amiga Pilar TELLO BERDÚN, un poemario: "SOBREVOLAR EL CAUCE".


Os transcribo un poema. Uno de los que contiene el apartado "Escribir es vivir a la intemperie". Éste:




CON TU IMPRONTA

Bebe del propio pozo
y también de las fuentes
que otros te ofrecieron.

Aunque la posesión
atemporal es siempre,
no te arrebatarán
lo ya leído
ni tampoco el instante
en que quedó
fijado tu recuerdo.

Tus huellas, en las hojas.
En su tinta, tu olor.



"Sobrevolar el cauce". Poemas 2013-2015
Pilar Tello Berdún
Editorial La Fragua del Trovador. Zaragoza. (2016)

De la misma autora:

"Hilvanes de voz". Poemas.
Ediciones Torremozas. Madrid. (2012)

miércoles, 19 de abril de 2017

23 abril 2017




El próximo domingo día 23, DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO, y festividad de Sant Jordi, lo celebramos.

Si os apetece regalar alguna de mis novelas o tenéis en casa ejemplares de mis libros para firmar, podréis hallarme en los siguientes lugares a las horas que se indican:

A partir de las 11:00 horas:
Stand del Grupo Aula de Escritores / Editorial Hijos del Hule
en Plaça de la Revolució de setembre 1868 (distrito: Gràcia)

A partir de las 14:00 horas:
Stand de Ediciones Carena
en Rambla de Catalunya, 27 (distrito: Eixample)

En cualquier caso y estéis donde estéis, compraros algún libro, regalad algún libro (el mejor halago que puede hacerse a una persona) y mejor aún si va acompañado de una hermosa rosa.

Os deseo un muy feliz Día (...y felices lecturas)





miércoles, 12 de abril de 2017

PRIMAVERA 2017


Tras el duelo y la oscuridad,
abiertos a la luz y a la vida.

¡FELIZ PRIMAVERA A TODOS!





sábado, 11 de marzo de 2017

RETALES DE TEXTO


"El primer día de clase, el profesor trajo un frasco enorme:
-Esto está lleno de perfume... -dijo a los alumnos-. Quiero medir la percepción de cada uno de ustedes. A medida que vayan sintiendo el olor, levanten la mano.
Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas. Y luego cinco, diez, treinta, todas las manos levantadas.
-¿Me permite abrir la ventana, profesor? -suplicó una alumna, mareada de tanto olor a perfume, y varias voces le hicieron eco. El fuerte aroma, que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos.
Entonces el profesor mostró el frasco a los alumnos, uno por uno.
El frasco estaba lleno de agua."

"El libro de los abrazos"

Eduardo GALEANO.

martes, 14 de febrero de 2017

DOSTOYEVSKI relatista


Alguien dijo:

"Leer a Dostoyevski con quince años es como asomarse a un precipicio y no saber la altura a la que se está".



Muy acertado el símil porque, rememorando mi primer encuentro con el gran autor ruso (encuentro que tuvo lugar a través de "Crimen y castigo"), se hace de nuevo presente aquella impresión, aquella sensación de vértigo que me invadió al acometer la lectura de la novela en mi juventud temprana. Demasiado temprana, seguramente.
Algo parecido al primer amor, aquel que jamás se olvida. Y en mi caso, amor para toda la vida. Díganme, sino ¿por qué se me ocurre hablar de Dostoyevski en una fecha como la de hoy?

Bien, me consta que muchos visitantes de este blog han leído alguna que otra novela de Fiódor DOSTOYEVSKI, pero, ¿y los relatos? De éstos se habla algo menos, aunque mi ruso preferido está reconocido también, universalmente, como un gran relatista.

Propongo que lean éste: "El sueño de un hombre ridículo", escrito en 1877. Son sólo trece páginas.

Dejo también aquí el enlace relativo a la biografía del escritor con mención cronológica de su obra.





miércoles, 18 de enero de 2017

PALABRA DE ESCRITOR


INTENTO COMPRENDER LA VERDAD, AUNQUE ESTO COMPROMETA MI IDEOLOGÍA.



Graham GREENE


sábado, 31 de diciembre de 2016

martes, 27 de diciembre de 2016

Asdrúbal y la maldición, Capítulo Primero.



Capítulo I
Los años veinte del siglo XXI no son felices

Como el quejido de un viejo barco abandonado y a merced del océano, el lamento de la ciudad se escucha en avenidas, calles y plazas. Son las diez de la mañana y unos pocos transeúntes, escudriñando a derecha e izquierda con mirada hosca, caminan dibujando líneas precisas para llegar a su destino paradójicamente incierto.
En los barrios donde los edificios de viviendas conservan su uso, las aceras otrora acogedoras de las paradas de los tenderos lucen un gris uniforme. Vitrinas y escaparates de vidrios empañados nada muestran ni guardan. Las puertas metálicas de los comercios llevan adherida, en su mayoría, una capa de polvo cuyo grosor se acentúa en esquinas, rebordes y cerrojos. Sólo un supermercado por distrito está abierto, guardado por agentes antidisturbios las veinticuatro horas y, en el extrarradio, una zona comercial, la de más amplia superficie, se ha convertido en un amplio mercado de abastos custodiado por el ejército.
El transporte público ha quedado reducido a media docena de líneas de largo recorrido y la red de metro funciona parcialmente al haberse suprimido el cincuenta por ciento de las paradas. Si uno lo piensa, no es tanto el trastorno. Total, para ir adónde? ¿Para hacer qué?
Algunos bares se mantienen activos y son los pequeños oasis donde se intenta olvidar, ante un café o una cerveza, lo que ocurre fuera.
Tal es, a grandes rasgos, la situación en la gran ciudad.
Yo me llamo Asdrúbal, soy periodista, tengo cincuenta años y buena salud, pero no estoy seguro de cuánto más voy a vivir.
A esta última afirmación cabe la réplica de que tal hecho es común a todo ser humano; no obstante, tengo mis razones para expresar ese pensamiento y la convicción de que la longevidad no está a mi alcance ni cabe esperarla de la mayoría de mis conciudadanos.
Europa, la Europa Occidental para ser exactos, está enferma; pero este país agoniza. Este país se muere. La Península ha sido siempre proclive a cataclismos de diversa procedencia.

Hace tiempo que no veo a mi hija.
A despecho de mi oposición, sabedora de lo que opino sobre el tema, se marchó como cooperante hace seis meses. Después se manifestó aquí la epidemia y su madre y ella decidieron, sin pedir siquiera mi parecer, que permaneciera en la India. Marta sigue allí.
He desistido de trabajar en casa. El sufrimiento de Begoña me trastorna, acrecienta mi abulia, y haber abandonado la que era nuestra vivienda ha significado, entre otras cosas, perder mi escritorio a favor de una mesita plegable ubicada en un rincón del cuarto trastero del apartamento de mis suegros.
La idea del traslado fue de ella; mi mujer les había hablado de nuestras dificultades para pagar el alquiler y ellos insistieron con el loable propósito de hacernos la vida más llevadera aunque yo tenga que transitar de humillación en humillación. En definitiva, mala mudanza, pero la cruda realidad es que las finanzas mandan.
No se piense que a falta de material para un reportaje voy a persistir en la descripción de un entorno que ya conocemos o que podemos imaginar. No es mi intención aportar una visión apocalíptica más; tema manido ad nauseam. Tampoco pretendo abrumar con el relato de mi drama personal. Quiero hablar de otra cosa; de otra cosa y de otra persona. Quiero hablar de Jeremías.
Jeremías es comerciante, compra y vende, viaja por toda Europa. Viajaba. Ahora está confinado en este espacio que se le antoja angosto.
Su tío está ingresado en el hospital. Ha caído, como tantos, y sus expectativas no son halagüeñas a decir de los médicos. Pero según Jeremías su tío se muere por otra causa distinta, pronosticada e inevitable, contra la cual tampoco hay vacuna, ni antídoto ni cura.
Habíamos coincidido un par de veces en la misma cafetería; un pequeño bar, por fortuna, abierto. Entablamos conversación. Fue él quien me abordó cuando levanté la vista del teclado para atender el último parte que daban en la televisión.
—Mi tío se muere y él sabe porqué se muere. Yo también lo sé. De hecho ya me lo esperaba por lo que había contado mi difunto padre —me dijo.
Con toda la delicadeza de que fui capaz le respondí que también los médicos sabían por qué se estaba muriendo su pariente y que, en buena lógica, debíamos esperar lo peor no sólo para su tío sino para todos nosotros. Era cuestión de tiempo.
Me miró con fijeza.
—¿Se refiere usted a la epidemia, al virus? —preguntó.
Respondí que mientras no hallaran cómo combatirlo, el pronóstico se cumpliría sin remedio.
Jeremías entrecerró los ojos y meneó con lentitud la cabeza.
—Lo que se cumplirá irremediablemente es la maldición.
Reprimí una sonrisa. Sólo con el propósito de matar el tiempo le azucé un poco para que se explayara.
Hizo una exposición laberíntica del árbol genealógico de sus ancestros y a continuación un esbozo de relato, con lagunas y saltos en el tiempo, por lo que a duras penas conseguí hacerme una vaga idea de la historia.
No di crédito alguno a un suceso que contó y que, según dijo, era tan solo uno de entre una serie de ellos. Aunque no pronuncié una sola palabra, pareció haber leído mi mente.
—Ustedes son demasiado incrédulos. Si supiera, se haría cruces…
—Es posible. Siga.
—Si quiere saber con detalle la historia puedo contársela, pero con una condición: sólo si se compromete a escribirla.
—Depende. Los periodistas tenemos que escribir sobre temas adecuados y de forma correcta. Si queremos comer, claro.
—Sin comer no se puede vivir —respondió.
—Ingerimos para que el cuerpo funcione. Vivir es otra cosa.
Sin asomo de reparo me dirigió una mirada penetrante.
—¿No le gusta su vida? —dijo.
Me incomodó el destello de carbones encendidos que desprendían sus ojos excesivos.
Aquello no era de su incumbencia.
No tenía por qué saber que yo ya perdí la cuenta del tiempo transcurrido desde que había abandonado mis aspiraciones. La ingenuidad juvenil, a su vez, me había dejado en la primera práctica. Aprendí que en los artículos de opinión, la mía no era la que interesaba. Una redacción cuidada era suficiente toque personal. Esto y mi firma.
—Y ¿por qué no la ha escrito usted? —dije.
—El pueblo al que en realidad pertenezco no tiene esta costumbre.
Propuso volver a encontrarnos hoy, lo que me hizo pensar que, de alguna manera, había llegado a la conclusión de que yo había asumido el compromiso.
Ni le engañé al comienzo ni le desengañé después. Tuvo la virtud de despertar mi curiosidad. Además, aparte de redactar la columna semanal y cultivar mis bonsáis tengo tiempo de sobra, y ¡quién sabe!, aún tras la criba más feroz tal vez quede material apto para trabajar en él; quizá con suerte hasta para publicar. Eso es todo. Es lo que hay.


El encuentro con Jeremías se alargó más de lo previsto.
Lo primero que hizo aquel hombre menudo de pelo ensortijado fue desplegar, con parsimonia, una hoja de papel que había sacado del bolsillo.
A mí me pareció que, antes de empezar, era obligado interesarme por su pariente.
—¿Cómo está?
—Igual. Las hemorragias no cesan ¿Algo nuevo? —preguntó señalando al televisor.
—La consabida repetición diaria: que si la variante del virus, que si la tetravacuna, que si los ensayos… Ya no hablan ni de dengue ni de fiebre Congo-Crimea, hablan del virus, sin apellido. Sin apellido no hay quien identifique un origen.
Alzó las cejas y me clavó su mirada oscura.
—¿Usted cree? Si uno reflexiona y busca encuentra el origen. Uno puede hallar el origen de todas las cosas.
Deslizó el papel por encima de la mesa hasta colocarlo frente a mí.
—Le he traído esto. Tuve la sensación de que no se situaba —dijo mientras con la yema de sus dedos golpeaba levemente sobre el gráfico.
El hombre del bar, con un paño de color indefinido colgado del cinto que rodeaba su barriga, se aproximó sin prisas. Jeremías pidió una tisana y yo, otra cerveza.
—Pero ¿qué tenemos aquí? ¿Cuatro generaciones? —le dije.
En su rostro moreno, la blanca dentadura destacaba poderosamente las raras veces en las que sonreía. Ahora se trataba de una sonrisa socarrona.
—No se alarme. Tan solo una persona de cada generación es interesante.
—Me es imposible hacerme cargo de esto.
—Son las mujeres —dijo, apuntando a los círculos resaltados en negrita. La historia es de ellas.
«La primera, en la frente», me dije. Buena observación la de Jeremías. Sí, la historia es de ellas; en mi casa, también.
—Aquí está usted, veo. Su tío, ¿dónde? —pregunté.
—Ahí —dijo acercándome el papel y señalando un cuadrado en la línea inmediatamente superior—. Pero no se trata tanto de él como de su madre, de Araceli. Vea, aquí: Araceli, que es hija de Águeda y ésta, a su vez, hija de Flora. Mire: Flora tuvo ocho hijos, cinco varones y tres mujeres; de éstas, una murió al poco de nacer, por lo que crió a siete. Esta hoja es para usted, quédesela —añadió.
Centré mi mirada en aquel dibujo mientras iba reconsiderando el asunto; dudaba de la conveniencia de mantener la decisión adoptada el día anterior. A punto estaba de desdecirme cuando me interrumpió.
—Mejor será comenzar por el principio…
A lo largo de los años, la escasa paciencia con que me dotó la naturaleza ha ido menguando, razón por la cual le respondí:
—No, todo lo contrario; comience usted por el final. A ver, cuente: ¿qué hay de Araceli?
—Entonces tendré que hablarle también de Clotilde.
—¿Quién es?
Volvió a poner su dedo en el gráfico mientras decía:
—Su tía. Clotilde es la hermana de su madre, la hermana de Águeda. Y vea, Clotilde era la menor de los hijos de Flora.
Miré por la ventana. Fuera no había trazas de movimiento alguno. Por la calle no pasaba un alma.
La manera de hablar de Jeremías no facilitó la tarea; además hacía largas pausas cada vez que se interrumpía para tomar un sorbo. Entonces yo me entretenía en observar el movimiento de las manecillas del reloj de pared y la escasa actividad del bar.
La tarde también languidecía. Estuvimos un buen rato en penumbra hasta que el hombre del mostrador se decidió a encender las luces de manera que, cuando iluminó el local, la luz causó una molestia.
Al filo de la medianoche sufrimos el fenómeno contrario porque nos sometió a un apagón. Se puso una chaqueta e hizo sonar ostensiblemente unas llaves. Jeremías y yo quedamos para vernos de nuevo la semana siguiente pero me había proporcionado material suficiente para empezar.


Fue cuando llegué a casa que recordé que tenía que enviar el texto para la columna semanal. Un texto insulso y sin contenido o lo que es lo mismo: políticamente correcto.
Me encerré en el cuartucho. Retiré de la mesita alambres, tijeras, alicates, grampas y el árbol enano al que hice un hueco en el estante; arrojé al cubo los recortes vegetales y los restos de material y limpié de tierra, a continuación, la superficie de la mesa. Acomodé el portátil.
Terminada y enviada la columna, logré acostarme sin perturbar el sueño de mi mujer.
Hoy me levanté al alba y me metí otra vez en el trastero.
—¿Te quedas? —pregunta Begoña asomando la cabeza.
Sus ojos enrojecidos me indican que ha llorado; ella lo niega.
Begoña intenta mostrarse animosa pero la traicionan gestos que se le escapan y los objetos que, escurriéndosele a menudo de entre las manos, se estrellan en el suelo; como la taza y el plato de café, esta misma mañana.
—Sí. Trabajaré aquí; un rato, al menos.

Ella me ha dirigido una sonrisa de agradecimiento antes de cerrar muy despacio la puerta.

© Rosa María Torrent Puig

"Asdrúbal y la maldición", novela.
ISBN 978-84-16418-89-3
Ediciones Carena, Barcelona.