jueves, 7 de septiembre de 2017
EL DIABLO EN SANTORINI...y un ángel en Tarragona
Sorprende y de forma grata que, hoy día, en que todo o casi todo deviene tan efímero, se haga mención de mi novela "EL DIABLO EN SANTORINI", novela publicada en octubre de 2014 (Ediciones Carena, Barcelona). Tres años ya.
Aquí os dejo el artículo de Ángel Camacho aparecido en la columna de opinión "Tribuna" del DIARI DE TARRAGONA.
Desde aquí, mi agradecimiento al periodista y al medio.
Para leerlo, hacer clic sobre el siguiente enlace.
https://www.diaridetarragona.com/opinion/Verano-negro-20170906-0029.html
lunes, 5 de junio de 2017
viernes, 26 de mayo de 2017
ARTISTAS
¡Ay, los recuerdos!
A uno que relata hechos y
lugares que hace tiempo desaparecieron del mundo —o de su mundo que, para el
caso, es lo mismo—, le llaman viejo. El auditorio, aunque por respeto no se lo
diga a la cara, lo piensa; piensa que es más antiguo que una cafiaspirina, si es
que todavía existe, o que la zarzaparrilla de la que oí hablar a mis ancestros.
Paciente debe mostrarse el presunto viejo ante la cuchufleta de ser calificado,
por los más próximos, como “Abuelo Cebolleta”. Bueno… los más jóvenes tampoco
deben saber quién diantre es el personaje. Pregunten a sus padres o abuelos;
ellos les ilustrarán.
Yo digo: no señor, no se
es viejo, se es un superviviente. Un superviviente que ha visto y ha vivido más
de lo que han visto y vivido quienes tienen veinte o treinta años menos.
A lo que íbamos: los
recuerdos.
En mi infancia, yo era lo
que se daba en llamar una niña movida.
Charlatana, dinámica, curiosa y “con iniciativa” —léase con ocurrencias—. Mi
familia sin embargo dio con la manera de tenerme silenciosa y quietecita largos ratos: ofrecerme historias. Historias contenidas en libros y películas.
Ir al cine era placer de
dioses. Tiraba de la mano de mi abuela materna —que tenía los pies planos y unos juanetes colosales, la pobre— arrastrándola literalmente camino del cine, no
fuéramos a perdernos el principio de la primera película.
Ni que decir tiene que yo
estaba tan familiarizada con todos los cines del barrio y era tal la asiduidad,
que en todos nos conocían y saludaban nuestra aparición con una sonrisa; desde
la taquillera hasta el señor que picaba el ticket en la entrada.
Recorríamos, pues, todas
las salas pero, como siempre sucede, había una que gozaba de mi predilección:
el CINE SELECTO. Por lo regular era “no apto” pero yo, con la abuela, entré
siempre. La razón de mi preferencia era que el local, después de las dos
películas, ofrecía un plus, un fin de fiesta: las VARIEDADES.
Todavía puedo sentir la
emoción al ver aquellas cortinas abrirse para mostrar un escenario brillantemente
iluminado. Yo, expectante.
Cantaores, magos, bailarinas,
equilibristas, cómicos… Una maravilla.
Pero para mí, lo más fascinante de todo
eran las vedettes. ¡Tan altas! ¡Tan hermosas! Como bailaban, cómo cantaban, y con
aquellos vestidos tan espectaculares que yo no había visto en ninguna otra
parte…
Tuve la oportunidad de
ver actuar a MATY MONT. Yo era muy pequeña pero recuerdo perfectamente
que ella llevaba un vestido largo, ajustado, con abertura lateral, de color
verde musgo. Creo que era de terciopelo.
Dicen que la señora se
puso a bailar y que yo no tardé en saltar de mi butaca al pasillo lateral
poniéndome a bailar también. Con entusiasmo.
Alguien acudió al
rescate. Para disuadirme, plegaron mi butaca y me sentaron en lo alto, para que
pudiera contemplar a la artista sin perderme detalle.
Cuando el CINE SELECTO
suprimió las VARIEDADES tuve un verdadero disgusto. Una gran decepción.
Desde entonces, desde niña, amo a los
artistas. No importa el género, no importa su especialidad.
Los seres humanos que
nacen con un don o cultivan una habilidad útil para distraer, entretener y
hacer pasar un buen rato a sus semejantes, es acreedor del más caluroso de los
aplausos. Son, en cierto modo, sanadores. Generan bienestar. Aunque no curen
enfermedades, ¡vaya si las alivian!
Artistas todos… gracias.
Benditos sean.
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domingo, 7 de mayo de 2017
POEMARIO
Para quienes no lo conozcan, hoy quiero presentar, de mi estimada amiga Pilar TELLO BERDÚN, un poemario: "SOBREVOLAR EL CAUCE".
Os transcribo un poema. Uno de los que contiene el apartado "Escribir es vivir a la intemperie". Éste:

CON TU IMPRONTA
Bebe del propio pozo
y también de las fuentes
que otros te ofrecieron.
Aunque la posesión
atemporal es siempre,
no te arrebatarán
lo ya leído
ni tampoco el instante
en que quedó
fijado tu recuerdo.
Tus huellas, en las hojas.
En su tinta, tu olor.
"Sobrevolar el cauce". Poemas 2013-2015
Pilar Tello Berdún
Editorial La Fragua del Trovador. Zaragoza. (2016)
De la misma autora:
"Hilvanes de voz". Poemas.
Ediciones Torremozas. Madrid. (2012)
miércoles, 19 de abril de 2017
23 abril 2017
El próximo domingo día 23, DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO, y festividad de Sant Jordi, lo celebramos.
Si os apetece regalar alguna de mis novelas o tenéis en casa ejemplares de mis libros para firmar, podréis hallarme en los siguientes lugares a las horas que se indican:
A partir de las 11:00 horas:
Stand del Grupo Aula de Escritores / Editorial Hijos del Hule
en Plaça de la Revolució de setembre 1868 (distrito: Gràcia)
A partir de las 14:00 horas:
Stand de Ediciones Carena
en Rambla de Catalunya, 27 (distrito: Eixample)
En cualquier caso y estéis donde estéis, compraros algún libro, regalad algún libro (el mejor halago que puede hacerse a una persona) y mejor aún si va acompañado de una hermosa rosa.
Os deseo un muy feliz Día (...y felices lecturas)
miércoles, 12 de abril de 2017
PRIMAVERA 2017
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sábado, 11 de marzo de 2017
RETALES DE TEXTO
"El primer día de clase, el profesor trajo un frasco enorme:
-Esto está lleno de perfume... -dijo a los alumnos-. Quiero medir la percepción de cada uno de ustedes. A medida que vayan sintiendo el olor, levanten la mano.
Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas. Y luego cinco, diez, treinta, todas las manos levantadas.
-¿Me permite abrir la ventana, profesor? -suplicó una alumna, mareada de tanto olor a perfume, y varias voces le hicieron eco. El fuerte aroma, que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos.
Entonces el profesor mostró el frasco a los alumnos, uno por uno.
El frasco estaba lleno de agua."
"El libro de los abrazos"
Eduardo GALEANO.
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