domingo, 12 de octubre de 2014
martes, 7 de octubre de 2014
HA SIDO EN OCTUBRE...
... y no en septiembre, pese a mis buenas intenciones. Las causas han sido puramente técnicas y por tanto, independientes de mi voluntad.Hoy recordaremos a Constantin Virgil GHEORGHIU (1916-1992), el escritor rumano nacido en una aldea de Moldavia y fallecido en Francia, y a su espléndida novela "LA HORA 25".
Esta novela la escribió GHEORGHIU durante su cautividad y se publicó en 1949. Es el libro más conocido y más celebrado de este autor.Para quienes no lo recuerden, la obra describe los sufrimientos de un joven y humilde jornalero rumano durante las ocupaciones alemana, soviética y americana.
Un retrato vívido del drama en los países de la Europa del Este, menos tratado, durante la II GM.
La obra fue adaptada para el cine en 1967. La película, una de la MGM producida por Carlo PONTI, se rodó en Francia y fue dirigida por Henri VERNEUIL quien, según parece, se hizo cargo también del guión. Fue protagonizada por el inolvidable Anthony QUINN (el gran actor realizó una de sus más destacadas interpretaciones) y por Virna LISI. Merece mencionarse aquí también la banda sonora del film creada por Maurice JARRE y Georges DELERUE.
Interesantes críticas pueden hallarse en FILM AFFINITY (Clicar para ir al enlace)
Desde mi punto de vista, con "LA HORA 25" nos encontramos ante una de aquellas raras ocasiones en que tengo que recomendar leer la novela y visionar la película. El resultado no es decepcionante.
Tras "LA HORA 25", Constantin Virgil GHEORGHIU publicó, entre 1952 y 1986, unas veinticinco obras.
viernes, 1 de agosto de 2014
VERANO
Nos reencontramos en septiembre...
entretanto, disfruten todo lo que puedan
FELIZ DESCANSO
Y
¡FELICES LECTURAS!
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domingo, 20 de julio de 2014
VIEJOS LIBROS SUPERVENTAS
En el largo pasillo del piso en el que
nací había un mueble pequeño, estrecho, de madera de castaño, muy apreciado por
mis padres. Y era muy apreciado el mueblito por una doble razón: tanto él como
su contenido eran las únicas concesiones a lo “no indispensable”. Duros eran
los tiempos.
Encima del mueble, sobre una peana,
agarrada a un peñasco y batiendo las alas, estaba vigilante una hermosa águila. Puedo ver ahora aquella figura como si la tuviera ante mí en este mismo
momento. Debajo, estaban los primeros libros que mis ojos descubrieron… y a los que
yo no podía acercarme salvo cuando estaba sentada en las rodillas de mi padre
mientras él me los mostraba.
El águila, no sé por qué razón ni de qué
manera, desapareció con los años. Los libros siguen en casa.
No eran muchos, no. Seis tan solo.
Éstos:
Cinco semanas en globo, de Julio Verne;
edición de 1934. Ramón Sopena.
Las cuatro plumas, de A.E.W. Mason,
edición de 1944. Editorial Vives.
Clania, de Pablo Cavestany;
Scaramouche, de Rafael Sabatini;
Felipe Derblay, de George Ohnet;
y una gramática catalana anterior a la
de Pompeu Fabra.
Menos éste último, los otros cinco
libros, novelas. Claro.
Recuerdo perfectamente el momento en que
se me concedió el privilegio de dejarme leer una de ellas. Fue la de Julio
Verne.
Hay que decir también que en aquel entonces yo ya tenía mi propia
colección de libros infantiles, bastante nutrida, y que conservaba en buen
estado a pesar del constante manoseo por las lecturas repetidas.
Las imágenes que ven no son mías; estos libros no
los tengo conmigo aquí y por tanto no los he podido fotografiar pero he echado
mano de Internet y éstas son algunas de las cubiertas. Las que he hallado. Tal cual.
Al hilo de estos recuerdos, de estas cinco
novelas y de sus autores…
George OHNET, francés (1848-1918). Dramaturgo
y novelista. El más vendido de su época. Más que Zola, y ya es decir. Muy
distintos, aunque eso es otra cuestión.
OHNET estudió leyes y ejerció de abogado
durante un tiempo; poco. Después trabajó en periodismo y de columnista pasó a
escribir teatro y novelas.
“Felipe Derblay”, se publicó en Francia
en 1882 con el título de «Le Maître de forges». En Inglaterra lo fue con el
título «The Ironman or Love and Pride».
Grande fue, de inmediato, la aceptación de esta novela, tanto en los dos
países que acabo de mencionar como en Italia, Alemania, Portugal, España y
Estados Unidos.
En apenas dos años alcanzó más de 160 ediciones; y a finales de 1910
había conseguido más de un millón de ejemplares vendidos sólo en Francia y 400
ediciones.
No está nada mal ¿verdad?
Para quienes no lo sepan, decir que es una novela costumbrista a caballo
—dicen algunos— entre el “Orgullo
y prejuicio” de Austen y “Norte y Sur” de Gaskell.
Fue representada, durante años, en
teatro y ha sido objeto, asimismo, de adaptación cinematográfica.
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domingo, 13 de julio de 2014
CURIOSIDADES
Divirtámonos, al menos, “metaforeando”:
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sábado, 12 de julio de 2014
PALABRA DE ESCRITOR

"La idea debe ampliarse con personajes, con marco, con ambiente. De lo que se trata es de vivir con los personajes en su marco durante un tiempo antes de escribir la primera palabra."
Patricia HIGHSMITH
domingo, 6 de julio de 2014
RETALES DE TEXTO
«Fuera o no por culpa de su indigesto matrimonio, tenía ganado ya el
hábito de provocar conversaciones a costa de su persona. Hoy cuchicheaban de
sus broncas pero mañana hablarían quizá de algo mejor. Ya era un personaje. Un
bien de interés general para el vecindario. Por algo se ha de empezar. Y,
normalmente, se empieza desde abajo.
De momento, sus ingenuos sueños de notoriedad se proyectaban hacia el
reducido espacio rectangular de la pantalla del televisor. A veces se imaginaba
superando los nimios retos de un concurso vespertino, y otras, cuando la amable
lasitud de la madrugada avivaba la euforia interior, se veía ocupando el sillón
de los invitados de honor en el magacín de máxima audiencia, protagonizando la
típica entrevista al fenómeno o la sorpresa del año, esa oportunidad única que
tienen en la vida los que no nacieron bajo el sino del éxito o el prestigio.
Curiosamente nunca se predijo como una futura diseñadora o modista, sino que,
ya puestos a fantasear, prefería estimularse con hitos más peregrinos. Estaba
claro que para alguien como ella el triunfo nunca llegaría como la cumbre o la
meta de una trayectoria dirigida a lo largo del tiempo. Las personas de su
condición alcanzaban la fama de súbito, como quien gana a la lotería, por
fortuna y no por acierto. Si un medio había al alcance de tales sueños, ése era
sin duda la televisión.
El enigma residía en cómo ir a parar hasta allí. Qué hacer de
extraordinario para merecer un espacio, por mínimo que fuese. Una de las
primeras cosas que pensó Dora tras la detención de Murphy fue que dispondría de
tiempo para acometer proyectos personales al margen de las costuras y los
arreglos textiles de cada día. Aunque no parecía tener demasiado sentido, la
primera decisión de casi todos los recién separados era la de cambiar
radicalmente de personalidad, en lugar de intentar recuperarla. Había leído
tres o cuatro libros de esos que llamaban de autoayuda durante los tiempos
muertos que hubo de rellenar a lo largo del período judicial previo a la
encarcelación de Murphy. Eran mamotretos condescendientes que dejaban una vaga
sensación de mediocre placebo, aunque ella, lectora displicente y de nula
ambición académica, disfrutaba de aquella forma facilona de recorrer los
lugares comunes de la frustración. Creyó firmemente en sus posibilidades de
convertirse en autora. Sólo tendría que cambiar o disfrazar su nombre auténtico
a base de giros fonéticos que remitieran a la India, Latinoamérica o el Tíbet.
Era lo suficientemente experta en insatisfacción personal como para permitirse
la arrogancia de regalar consejos. No obstante, su libro no sería de autoayuda
sino de ayuda, a secas. No entendía lo del prefijo reflexivo. Se suponía que
esos libros se escribían para ayudar a los demás y lo de “autoayuda” sugería
que el verdadero beneficiado era el autor. Era como si un médico le dijera al
paciente “voy a automedicarle”. Así que esos mequetrefes elocuentes que
escribían aquellos libros eran tan farsantes como los santones que poblaban la
madrugada de las cadenas locales con sus grotescas túnicas y sus dedos
embutidos en horribles anillos. Dudaba si en verdad aspiraba a convertirse en
algo así. De lo que estaba segura era de que cualquier cosa, incluida aquella
excentricidad literaria, era mejor que lo que tenía ahora a su alrededor.
Antes de sopesar salidas tan narcisistas, ya había intentado el camino
más previsible, aquél que habría ocupado el capítulo uno en el índice de su
hipotético tratado de alternativas a un matrimonio infeliz: buscarse a otro.»
LA VIDA PRIVADA DE DIOS (Novela)
de
José Ignacio GARCÍA MARTÍN
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